Salud o no salud: el cuerpo no entiende de justificaciones

Vivimos en una época en la que intentamos hacer todo más amable, más flexible y más fácil de aceptar.
Pintamos de colores las dietas. Buscamos suplementos que compensen nuestros excesos. Queremos rutinas de ejercicio más cortas, remedios más sencillos y estrategias que nos permitan seguir haciendo casi lo mismo, pero sentir que estamos cuidándonos.
También hablamos de cheat days, de “un poquito no pasa nada”, de equilibrio, de premios, de antojos, de amor propio y de aceptar nuestro cuerpo.
Y muchas de esas ideas pueden tener su lugar. Pero hay algo que no deberíamos perder de vista:
el cuerpo no entiende de justificaciones, el cuerpo responde a lo que hacemos y no a lo que pensamos hacer. No a lo que prometemos empezar el lunes ni a la dieta que guardamos en el teléfono o al suplemento que compramos y olvidamos tomar. No a la intención, responde a la acción.
No se trata de voluntad
Cuando hablamos de salud, muchas veces todo termina reduciéndose a una frase: “Es que me falta fuerza de voluntad.” Pero para mí el tema va mucho más allá de eso.
No se trata simplemente de aguantar, resistir o prohibirse cosas. Se trata de conocer nuestro cuerpo de entender cómo funciona, observar qué sucede cuando dormimos poco, qué pasa cuando comemos todo el día o cuando dejamos de movernos. Cómo responde nuestro aparato digestivo cuando nunca descansa. Qué consecuencias tiene vivir constantemente bajo estrés y qué ocurre cuando convertimos los excesos en rutina.
Cuando conocemos nuestro cuerpo, nuestras decisiones cambian. Ya no actuamos solamente por obligación, actuamos porque entendemos. Y cuando entendemos, practicar salud deja de ser una dieta temporal y comienza a convertirse en una forma de vivir.
Podemos ponerle muchos nombres
Podemos llamar “premio” a comer de cierta manera.
Podemos llamarlo “cheat day”.
Podemos decir:
“Solo hoy.”
“Es poquito.”
“Me lo merezco.”
“Mañana regreso.”
“Es por equilibrio.”
Pero al cuerpo no le importa el nombre que le pongamos, la fisiología sigue ocurriendo. Nuestro organismo continúa digiriendo, almacenando, utilizando energía, regulando hormonas, reparando tejidos, respondiendo al sueño, al movimiento, al estrés y a todo aquello que hacemos de manera repetida.
El cuerpo no juzga. Pero sí responde y esa diferencia es importantísima. No se trata de decir que alguien es bueno o malo por lo que come o de castigar a quien tiene sobrepeso. No se trata de perseguir un cuerpo perfecto, se trata de entender que cada acción genera una respuesta.
“¿Qué tanto es tantito?”
Esta es una de las preguntas que más nos hacemos.
¿Qué tanto afecta una comida diferente?
¿Qué tanto importa saltarnos el ejercicio?
¿Qué tanto pasa si cenamos tarde?
¿Qué tanto importa dormir mal unos días?
La respuesta casi nunca está en un solo día, está en la frecuencia.
Una celebración no define nuestra salud. Una comida tampoco la define, ni un día sin ejercicio. El problema aparece cuando aquello que llamamos "excepción" "hoy no pasa nada" "qué tanto es tantito" ocurre una y otra vez.
Cuando el fin de semana comienza el jueves y cuando el "solo hoy" sucede cuatro veces por semana.
Cuando el cansancio se vuelve normal, cuando dormir mal se vuelve constumbre, cuando nuestro aparato digestivo no tiene nunca descanso y cuando dejamos de movernos durante meses. Entonces ya no estamos hablando de una excepción, esto ya se convirtió en nuestra manera habitual de vivir y el cuerpo responde precisamente a eso: a lo que hacemos habitualmente.
Amar nuestro cuerpo también significa cuidarlo
El movimiento body positive ha ayudado a cuestionar estándares físicos absurdos y a recordarnos que una persona merece respeto independientemente de su peso, talla o apariencia. Eso es valioso, pero amar nuestro cuerpo no debería significar ignorar sus necesidades.
Para mí, amar nuestro cuerpo también significa conocerlo, escucharlo, moverlo, dejarlo descansar, alimentarlo adecuadamente, permitirle dormir, darle luz solar, repirar, descansar el aparato digstivo, buscar ayud cuando algo no está funcionando bien. No necesitamos odiar nuestro cuerpo para querer cambiar hábitos; podemos cuidarlo precisamente porque lo valoramos. El autocuidado no es castigo.
La salud no se obtiene: se practica
En Naturageo hemos repetido muchas veces una idea que resume nuestra manera de entender la salud: La salud se practica día a día.
Porque la salud no es algo que conseguimos una vez y guardamos para siempre. Nuestro cuerpo está vivo, cambia, se adapta, envegece, se regenera y responde constantemente a nuestro entorno y a nuestras decisiones, por eso practicar la salud significa crear condiciones favorables para que nuestro organismo haga aquello que sabe hacer: funcionar con lo que le damos y por sentido cumún, funcionará mejor si eso que le damoses lo adecuado:
Dormir.
Moverse.
Descansar.
Comer adecuadamente.
Hidratarse.
Tomar sol.
Respirar.
Mantener una digestión saludable.
Tener momentos de descanso.
Evitar aquello que sabemos que nos perjudica cuando se vuelve repetitivo.
No necesitamos hacerlo todo perfecto, pero sí necesitamos hacerlo.
La realidad puede incomodarnos
Podemos tener mil explicaciones de por qué no cuidamos nuestra salud.
Falta de tiempo.
Trabajo.
Hijos.
Estrés.
Dinero.
Cansancio.
Compromisos.
Viajes.
Eventos.
Problemas familiares.
Y muchas de esas circunstancias son completamente reales pero nuestro organismo también es real. El cuerpo no puede decir: "entiendo que tuviste mucho trabajo este mes, así que no pasa nada si no duermes". No puede suspender procesos porque estamos ocupados, tampoco puede ignorar indefinidamente nuestros hábitos. Por eso hay una realidad que puede sonar dura, pero también puede ser profundamente liberadora: podemos tener mil justificaciones, pero el resultado termina siendo salud o no salud. Y esto no es un juicio moral, es una consecuencia biológica.
El tiempo tampoco negocia
Hay otra variable que solemos olvidar: el tiempo.
Cuando somos jóvenes sentimos que nuestro cuerpo puede con todo.
Dormimos poco.
Comemos mal.
Vivimos con estrés.
Nos recuperamos.
Y pensamos que siempre será así.
Pero los hábitos se acumulan.
También se acumulan las consecuencias.
Y llega un momento en el que aquello que nuestro cuerpo compensaba fácilmente comienza a costarle más trabajo. Por eso cuidar nuestra salud no debería comenzar cuando aparece una enfermedad, debería comenzar mucho antes y no desde el mido, sino desde la conciencia.
Todos vamos a morir
Hay una verdad absoluta que compartimos todos: Todos vamos a morir.
No podemos controlar completamente cuándo ni tampoco garantizar que llevand ouna vida saludable nunca enfermaremos. La genética existe así como los accidentes o enfermedades. La vida es impredecible, pero antes de morir existe un territorio enorme en el que nuestras decisiones sí pueden influir.
Podemos aumentar nuestras posibilidades de llegar a edades avanzadas con mayor movilidad, independencia, fuerza, claridad mental, capacidad para caminar, viajar, para jugar con nuestros nietos, para levantarnos de una silla, para bañarnos solos, para disfrutar una comida... para vivir.
Y quizá esa debería ser una denuestras mayores aspiraciones, no simplemente vivir más, sino, vivir bien mientras estamos vivos.
Entonces, ¿qué elegimos practicar?
La pregunta quizá no debería ser: “¿Qué dieta voy a hacer?”, ni: "¿Qué suplemento me recomiendan?"
Ni siquiera: “¿Cuántos días puedo hacer trampa?”
Tal vez la pregunta más importante sea: ¿Qué estoy practicando todos los días?
Porque aquello que repetimos termina convirtiéndose en nuestra manera de vivir y nuesra manera de vivir influye profundamente en nuestra manera de envejecer. No necesitamos perfección, necesitamos conocimiento y conciencia, y , sobre todo, necesitamos accicón.
Porque podemos discutir durante horas sobre dietas, remedios, suplementos, ejercicios, tendencias y métodos, pero al final queda una realidad sencilla: si queremos salud, la tenemos que practicar y todos los días, una decisión a la vez.
Naturageo
La salud se practica día a día.




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