¿La comida mexicana es saludable?

Hay algo curioso que pasa cada vez que hablamos de alimentación saludable: pareciera que, para comer bien, tenemos que alejarnos de nuestra propia cocina.
De pronto el maíz tiene mala fama, las tortillas se convierten en enemigas, el pozole “engorda”, los tacos son pecado y durante las fiestas patrias muchas personas sienten que tienen que elegir entre disfrutar o cuidarse.
Pero quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. ¿Realmente es mala la comida mexicana?
Si observamos nuestra cocina tradicional con un poco más de calma, descubrimos algo muy diferente. La alimentación mexicana puede ser extraordinariamente completa. Tenemos maíz, frijol, calabaza, chile, jitomate, cebolla, nopales, aguacate, semillas, frutas, hierbas, carnes, pescados y una enorme variedad de ingredientes que, bien combinados, pueden aportar carbohidratos, proteínas, grasas, fibra, vitaminas y minerales.
Pensemos, por ejemplo, en un plato de pozole. Tenemos maíz como fuente de carbohidratos, carne como fuente de proteína, lechuga o col, rábanos, cebolla, chile y limón. Dependiendo de cómo se prepare y de la cantidad que servimos, puede ser perfectamente una comida completa.
Lo mismo ocurre con unos tacos preparados con tortilla de maíz, frijoles o algún tipo de proteína, cebolla, cilantro, salsa, nopales y un poco de aguacate.
Entonces, ¿dónde empieza el problema?
Muchas veces no está realmente en el platillo mexicano, sino en todo lo que hacemos alrededor de él. Un plato de pozole puede convertirse fácilmente en tres. Después llegan las tostadas, la crema, el queso, la botana, el postre y, para acompañar, refresco o alcohol.
Y ahí cambia completamente la historia. No porque un alimento sea tradicional significa que podamos comerlo sin medida, ni porque un platillo tenga buenos ingredientes significa que debamos consumirlo todos los días.
La variedad sigue siendo una parte fundamental de una buena alimentación. Que el pozole pueda ser una comida completa no significa que debamos comer pozole a todas horas durante varios días. Lo mismo ocurre con el aguacate, los frijoles, las tortillas, las carnes, las frutas o cualquier otro alimento.
La salud no depende de encontrar “el alimento perfecto”, sino de aprender a variar, combinar y respetar cantidades.
También importa mucho la forma en la que cocinamos.
La cocina mexicana tiene preparaciones maravillosas al comal, cocidas, asadas, horneadas o guisadas. Pero también existen muchas preparaciones fritas: flautas, tacos dorados, enchiladas fritas, sopes, tostadas y otros platillos que pueden acumular una cantidad considerable de grasa dependiendo de cómo los preparemos.
Esto no significa que tengamos que eliminarlos. Significa simplemente entender que no todas las técnicas culinarias deberían ocupar el mismo lugar en nuestra alimentación cotidiana.
Podemos disfrutar unas flautas o unos tacos dorados ocasionalmente, pero quizá no tendría mucho sentido convertir la fritura en nuestra principal forma de cocinar.
Otro punto que pocas veces consideramos es la bebida. Muchas comidas mexicanas perfectamente equilibradas terminan acompañadas por grandes cantidades de refresco, bebidas azucaradas o alcohol. Y nuevamente, el problema no necesariamente estaba en la comida. Estaba en todo lo que añadimos.
También ocurre algo muy común durante las celebraciones: cenamos muy tarde y hacemos de la cena la comida más abundante del día. Pozole, tostadas, botanas, postre, refresco, alcohol… y poco después nos vamos a dormir.
Nuestro cuerpo también tiene horarios. Durante la noche disminuye nuestra actividad física, nos preparamos para descansar y nuestro sistema digestivo no necesita enfrentarse constantemente a grandes cantidades de alimento justo antes de acostarnos.
Por eso no solamente importa qué comemos. También importa cuánto comemos, cómo lo cocinamos, con qué lo acompañamos y en qué momento del día lo hacemos. Y esto es especialmente importante ahora que llegan nuestras fiestas patrias.
No necesitamos vivir el 15 de septiembre pensando que debemos “romper la dieta”, ni tampoco castigarnos al día siguiente por haber comido comida mexicana. Quizá necesitamos algo mucho más sencillo: aprender a comerla.
Disfrutar un buen plato de pozole sin necesidad de repetir tres veces. Comer tacos con verduras, salsa y alimentos frescos. Elegir agua natural o moderar las bebidas azucaradas. No convertir todos los platillos en fritura. Comer despacio. Escuchar cuándo estamos satisfechos. Y entender que una celebración no necesita convertirse en un exceso para poder disfrutarse.
También vale la pena recordar algo importante: tradicional no siempre significa saludable y saludable tampoco significa ilimitado.
La alimentación debe seguir siendo variada.
Nuestra cocina tiene una riqueza enorme y precisamente por eso no tendría sentido reducirla siempre a los mismos platillos. Podemos aprovechar leguminosas, verduras, frutas, semillas, maíz, tubérculos, pescados, huevos, diferentes tipos de proteína y una enorme cantidad de ingredientes que forman parte de nuestra cultura alimentaria.
Quizá el verdadero problema nunca fue la comida mexicana, sino la forma moderna en la que muchas veces la estamos comiendo: porciones enormes, demasiadas frituras, bebidas azucaradas, alcohol, poca variedad y cenas muy abundantes a horas en las que nuestro cuerpo ya debería prepararse para descansar.
En Naturageo no creemos que cuidar la salud signifique vivir prohibiendo alimentos.
Creemos que significa aprender a conocer nuestro cuerpo, entender nuestras necesidades y practicar hábitos que podamos mantener todos los días.
Porque podemos disfrutar nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestra comida sin abandonar nuestra salud.
No necesitamos dejar de comer mexicano para comer saludable. Necesitamos aprender a comer mexicano con equilibrio, variedad y sentido. Y quizá estas fiestas patrias sean una buena oportunidad para recordarlo.
La comida mexicana no necesita que la satanicemos. Necesita que aprendamos a comerla.
Porque, como siempre decimos en Naturageo:
La salud se practica día a día.




GRACIAS POR LA INFORMACIÓN!